Cuando pienso en cómo acompañar a las mujeres a lo largo de su vida, siempre me viene a la mente la necesidad de un espacio donde podamos hablar con total naturalidad de todo lo que nos acontece ahí abajo, sin vergüenza ni prisas. En mi experiencia acompañando a tantas pacientes, he visto cómo la prevención marca la diferencia entre vivir con tranquilidad o con preocupaciones constantes. Por eso, contar con un equipo especializado y cercano como el que encontrarás en ginecología Pontevedra se convierte en un aliado imprescindible desde el primer momento en que una chica empieza a hacerse preguntas sobre su cuerpo.
La adolescencia llega cargada de cambios que a veces nos pillan desprevenidas: la primera regla, las dudas sobre qué es normal y qué no, el miedo a preguntar por si suena tonto. En esa etapa, lo más valioso es poder acudir a alguien que te escuche con paciencia y te explique que el ciclo menstrual no es un enemigo, sino una señal de que todo funciona como debe. Aprender a observar los cambios, a entender el flujo, los dolores o la ausencia de la regla ayuda a detectar pronto cualquier pequeño desajuste y a crecer con confianza en nosotras mismas. Hablar abiertamente de anticoncepción, de infecciones comunes o de cómo cuidar la zona íntima día a día evita muchos sustos posteriores y nos permite disfrutar de esa juventud sin cargas innecesarias.
Cuando entramos en la edad adulta, la vida se complica con estudios, trabajo, relaciones y, para muchas, la maternidad. El cuerpo sigue evolucionando y con él nuestras necesidades. Los controles anuales se convierten en ese momento del año en que paramos un rato para nosotras, para asegurarnos de que todo va bien, para detectar a tiempo cualquier alteración que pueda prevenir problemas mayores. La citología, las ecografías, las revisiones mamarias forman parte de una rutina que no debería pesar, sino aliviar. Y si llega el deseo de ser madre, contar con alguien que te acompañe en la preconcepción, en el embarazo y en el posparto hace que todo fluya con más serenidad. Porque cuidar la salud íntima también significa cuidar la fertilidad, el suelo pélvico después del parto, la recuperación hormonal, todo lo que nos permite seguir siendo nosotras mismas incluso cuando el cuerpo se transforma profundamente.
Con el paso de los años, la perimenopausia y la menopausia traen sus propios retos: sofocos, cambios de humor, sequedad, pérdida de densidad ósea. Muchas mujeres sienten que de repente su cuerpo les es ajeno, pero no tiene por qué ser así. Hoy disponemos de herramientas que alivian síntomas, que mantienen la libido viva, que protegen la salud cardiovascular y ósea. Lo importante es no callar, no asumir que “es lo que toca” y sufrir en silencio. Buscar ayuda profesional permite personalizar tratamientos, desde terapias hormonales hasta opciones naturales, siempre pensando en el equilibrio global. Porque la menopausia no es un final, sino una etapa más en la que seguimos mereciendo sentirnos cómodas en nuestra propia piel.
A lo largo de toda la vida, el bienestar íntimo está conectado con el emocional y el físico en general. El estrés, la alimentación, el ejercicio, el sueño influyen directamente en cómo nos sentimos ahí abajo. Por eso me gusta insistir en que cuidarnos es un acto de amor propio continuo, no algo que hacemos solo cuando algo duele. Tener un lugar de confianza donde poder llegar con cualquier duda, por pequeña que parezca, libera y empodera. Al final, lo que todas buscamos es vivir con plenitud cada etapa, sabiendo que no estamos solas y que siempre hay alguien dispuesto a escucharnos y ayudarnos a encontrar el camino más suave.